La cotidianidad inspirada

Mary Lavin es traducida ahora, dos décadas después de su muerte, a nuestra lengua. Se ha atrevido Errata Naturae, que maneja ya una colección de títulos y autores interesantísimos. “En un café” es un libro de relatos, por lo tanto, no hay que leerlo de un tirón. Lo mejor es disfrutar de otras lecturas y regresar a por el siguiente cuento en cualquier momento.

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“En un café” se retrata con maestría lo cotidiano, una sucesión de relatos en los que nos encontramos con pequeñas escenas domésticas que contienen claves universales: el amor, el matrimonio, la familia, el lugar de la mujer en la sociedad, la emigración. Un libro donde también la pobreza se convierte en una protagonista que sostiene a los personajes. No es un libro de héroes, de grandes protagonistas con vidas dramáticas, no hay hazañas, pero sí mucha dignidad. En esencia, comparte con “Manual para mujeres de la limpieza” de Lucia Berlin esa facilidad para atrapar escenas de la vida, aparentemente sencillas, vacías, y llenarlas de contenido, de sensibilidad e interés.

Si tuviese que elegir uno de ellos, sería Limonada, donde Mary Lavin recrea con enorme precisión la amistad incondicional de dos niñas unidas por encima de cualquier convención social.

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En el dique seco

Supongo que acabar un año y comenzar otro marcándose retos es el camino más corto a la frustración. Y en ello ando. Me comprometí a hacer un resumen mensual de los libros que voy leyendo, y confieso que este enerome ha costado muchísimo concentrarme y por tanto, engancharme a la lectura. Pero algunos han caído.

  • “El ángulo de los secretos femeninos”, Diego Doncel (Literatura Mondadori). Probablemente Diego es más conocido por sus poemarios que por sus novelas. Ésta fue su primera incursión, de hecho. El libro andaba por mi casa desde hace años y nunca le había metido mano. Cuando me decidí, me topé con Claudio, un personaje desbaratado y perdido que despierta ternura de inmediato por su desprecio por sí mismo. Doncel narra las peripecias de Claudio en una isla mediterránea, que recuerda a Ibiza; un Claudio desorientado, desestabilizado, que se va cruzando con personajes surrealistas y se enfrenta a situaciones desternillantes y, al mismo tiempo, perversas. Es un viaje interior por todo lo alto que recomiendo sin duda alguna.

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  • “El Domingo de las Madres”, Graham Swift (Anagrama). Llegué a esta novelita por la insistencia con la que aparecía en todas mis redes sociales. Muchos de mis referentes a la hora de buscar lecturas la recomendaban. Quizás por tanta reiteración me haya decepcionado. La historia de una criada que acaba convirtiéndose en escritora, y del amor imposible de una protagonista a la que la crítica quiere dar un punto de feminismo que a mí, francamente, me chirría. ¿Feminismo en la historia de una mujer de ochenta años cuya relato final ha girado en torno a la pérdida de dos hombres? No, se nota en cada línea que Swift quiere subirse a esta nueva ola, pero no ha comprendido lo más básico. Otra cosa es la narración, deliciosa y pausada, que alcanza niveles de auténtica maestría en las primeras cien páginas. Una soberbia primera escena larguísima que narra el encuentro de los amantes, su despedida, la soledad de la protagonista desnuda recorriendo una casa vacía…

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  • “Querida Ijeawele” y “Todos deberíamos ser feministas”, Chimamanda Ngozi Adichie (Literatura Random House. Nadie me educó en el feminismo, llegué a él por pura rabia, por el sentimiento de injusticia, y también por empatía. Sigo formándome y aprendiendo, y la lectura de estos dos pequeños libros sirve para fijar conceptos. El primero es casi un manual, un catálogo de consejos para educar a nuestros hijos, y especialmente para enseñar a nuestras hijas que tienen que ser sinceras y libres, valientes, a quejarse por aquello que las incomoda, a gritar si es necesario, a ocupar sus espacios sin complejos. El segundo, “Todos deberíamos ser feministas” parte de una charla de la escritora nigeriana que ha sido un éxito en las redes. En ella se rebela contra los tópicos que describen a las feministas. No, no somos mujeres feas, ni tristes, ni amargadas. Somos personas discriminadas en todos los ámbitos de la sociedad por el mero hecho de ser mujeres. Chimamanda desbarata todos esos lugares comunes con una contundente y maravillosa presentación: “feminista feliz africana que no odia a los hombres y a quien le gusta llevar pintalabios y tacones altos para sí misma y no para los hombres”. A través de anécdotas personales nos va adentrando en un mundo lleno de machismo, micros y macros, que nos afectan a todas, da igual nuestro estatus, nuestra religión, nuestra raza o el país en el que hayamos nacido.

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Un señor normal

Mirar es menos peligroso que hacer. Sin embargo uno no puede pretender estar toda la vida oliendo culos sin comerse nunca un pedo.”

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“La gente se empeña en creer que se es de ciencias o letras, pero lo cireto es que la mayoría no somos nada.”

“Twitter se divide, como siempre, en los dos hemisferios semánticamente testiculares en los que tienda a aglutinarse la opinión pública: los acojonados y los descojonados.”

“Un asesinato sólo te jode la vida si te toca ser el muerto.”

“La culpa no es, como se suele decir, una consecuencia de nuestra raíz cristiana o judía. La culpa es anterior. La culpa es la respuesta fácil de nuestro cerebro, que prefiere sumirse, pagar, aceptar el castigo, detenerse y anularse a enfrentarse a los hechos; que prefiere castigarse a perdonarse.”

Ser feliz es un buen objetivo, pero no es algo que se pueda hacer un martes por la mañana.”

“Le ha saltado el inhibidor de tonterías, que es una cosa que tienen las personas de derechas y que les permite no escuchar chorradas, porque de las chorradas no se saca dinero.”

“Si las frases hechas sirviesen para algo se llamarían frases útiles. No serían tan redondas, pero ganarían pragmatismo: Si no puedes con tu enemigo, que no te encuentre.”

“La democracia consiste en tener derecho al voto pero no la obligación de razonarlo.”

“Los enemigos son peligrosos, pero de la familia no se puede huir. Y no sé cuál de las dos cosas me parece más jodida.”

“Allí estaban los dos ciclistas. Uno de ellos con una caja de pañuelos en el regazo y los ojos hinchados y rojos como si hubiera encontrado dos nuevas vías craneales para el sexo con penetración.”

“La mujer, que alcanza la plenitud sexual a los 30 años, cuando la costumbre ya ha vencido al apetito de su marido.”

“Un hombre chapoteando en mierda es un hombre sucio, pero también, y esto es lo que le hace peligroso, es un hombre que salpica.”

“Vivir. Y eso consiste en follar si quieres follar, en querer a tu mujer si la quieres y en fingir que mandas y que eres libre hasta creértelo.”

“Cuando las multitudes se unen por miedo, al ser humano le lleva diez segundos regresar a la Edad Media.”

“He comprobado que un nazi aturdido es un caramelo para la televisión, pero que un gitano resuelto es una bolsa entera.”

“Que una cosa es a qué te dedicas y otra lo que eres.”

“Un hijo no debe fiarse nunca de la palabra de su padre cuando su padre cree que puede protegerlo.”

“No es que sean antipáticos, es que se guardan la simpatía para sí mismos.”

“Utilizaría la violencia, pero de la única manera en la que le sirve a la inteligencia: como argumento.”

De amor y rutinas 

“Ese es el secreto, reducir al máximo la exigencia de felicidad”

“Como si ya no cupiera esperar nada de mí, ni siquiera la conciencia de mis propias renuncias.”

“Me parece lamentable que los muertos no tengan ningún poder.”

“Me parece bastante miserable ese modo silencioso con el que los hombres nos expulsan al curso del tiempo.”

“Los hombres son absolutamente inmovilistas. El movimiento lo creamos nosotras. Nos ahogamos avivando el amor.”

“Dos seres viven juntos y aún así su imaginación los aleja de modo cada vez más definitivo. Las mujeres construyen palacios encantados en su interior. Uno permanece momificado allí sin enterarse.”

“Me gustaría toparme, entre los cientos de cuerpos que deseo, con el que poseyera el don de lastimarme.”

“Lo que deseo de verdad no puede formularse. Ser golpeado en la cara, ofrece la cara a los golpes, ofrendas mis labios, mis dientes, mis ojos, y de repente ser acariciado, cuando menos me lo espere, y de nuevo golpeado a buen ritmo, en la cadencia justa, y cuando me corra, que me abracen, que me lleven en brazos, que me cubran de besos.”

“Te amo con la cabeza, con el corazón y con el rabo.”

“Un hombre es un hombre. No hay hombres casados, ni hombres prohibidos.”

“Uno de los efectos del deterioro sentimental es que nada fluye. Todo se transforma en un signo, todo hay que descifrarlo.”

“Invadido por la melancolía de los amantes cuando ya no sucede nada al margen de la cama.”

“Si los hombres querían reconocernos una única cualidad, era esa. Los redimimos. Los enaltecemos en cuando podemos.”

“Y de qué me sirve verlo ahora como un pobre mequetrefe? Ese pobre mequetrefe me degrada y no me hace ningún bien.”

“Hay momentos que tras la cortesana asoma la buena mujer.”

“Aguantarse el llanto es inútil. La pena permanece alojada en algún sitio.”

La forma en que me amaste

“Pasado el tiempo, no sé si lo que sentía por él era amor (qué demonios es exactamente eso, demasiadas veces lo analizamos, lo destripamos, y en ese trajín nos confundimos y acabamos por perderlo), pero sí puedo jurar que se trató de una entrega sin resistencia, no porque no quise resistirme, sino porque no pude resistirme”

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“De uno que es como tú no temes nada, ni abusas, sabes protegerte de él, y en cierto modo lo proteges.”

“Me echaba en cara que yo nunca me hubiese entregado a él de verdad. Siempre con prevenciones, con sospecha, no sabes lo que es querer a alguien me recriminó. Se expresaba con una mezcla de altivez y de mendicidad sentimental.”

“Durante meses he llegado a creerme que mi ideal de vida coincidía con el suyo: envejecer juntos chapoteando en el pequeño estanque de los hábitos”.

“Expresa el contraste entre lo gozoso y lo complicado que ha habido en nuestra relación, lo violento y lo tierno, y esta especie de síntesis de nuestra amistad de ahora. Daba por supuesta una relación blanca (a él se le torcía la boca, no aceptaba esa blancura impoluta, necesitaba el tránsito de sangre y flujos en los cuerpos).”

“En realidad, por debajo de aquella piel, en aquel cuerpo que parecía un atlas de los huesos humanos, qué quedaba del hombre que me atrajo”.

“Tuve celos del Michel que aparecía o adivinaba entre las líneas de aquellas cartas y yo no había sido capaz de reconocer durante los meses que viví con él; pero eso era una falsa visión, un espejismo. No debía dejarme llevar por la turbulencia que ponían en marchas las palabras exaltadas o afectuosas de la correspondencia en aquel estado de excepción sentimental que era una enfermedad: las palabras amorosas y cargadas de erotismo de Ahmed, guardades en la caja de marquetería en caoba mesmerizaban el aire de la habitación mientras se leía, reavivaban lo que hacía tiempo que era sólo fría ceniza.”

“Dije año y pico antes la palabra amar, y ahora, cuando ese sentimiento ya no existía, afrontaba las consecuencias”.

“Creo que he cumplido con mi presencia, con mis gestos: aquí estoy, dime si necesitas algo, qué quieres que te traiga, pero no he podido inventarme ni un ápice de amor; la amistad sé que le hacía daño: la tristeza que lo asaltaba cada vez que nos decíamos adiós en el hospital, el deseo incumplido, la ansiedad por lo que no acaba de llegar, el improbable paso de amante a amigo es siempre así.”

“Las yemas de sus dedos, con las grietas de la piel y el borde de las uñas ennegrecidos en la fábrica, trabajaban con pericia laboral en mi cuerpo. La sensación de que, como a cualquier herramienta, al ser humano lo pule el uso: lo concede destreza, ductilidad.”

“Hermoso lo que se acabó, o disolvió, lo que no pudo ser, o se rompió y he perdido; lo que no supe, lo que me convino, lo que no quise guardar, yo qué sé: hablo del dolor que hoy siento por algo que la enfermedad ha resuelto de modo tajante, cerrando la puerta del arrepentimiento, disolviendo la duda acerca de si era o no posible una vuelta atrás. Ha convertido en irreparable lo que quiera que aquello haya sido.”

“Vivimos meses en estado de exaltación en la que el alcohol y sexo formaban una maneja que no había manera de desenredar, bebíamos para desearnos más y nos deseábamos más porque bebíamos”.

“Su afán por poseerme entero y por que yo lo poseyese en las misma condiciones fueron así desde el primer día, sólo que a mí al principio eso me halagó, me dio seguridad, me devolvió cierto orgullo, y me libró de mi propio desamparo, y ahora ya no era así”.

“Él se encogía como si buscara protección y yo me sentía protegido. Prodigios de la primera etapa del amor. Engañosas prestidigitaciones de la carne y juego de disfraces (los disfraces del deseo: la flor que atrae con su brillante color al insecto)”.

“Pensaba que íbamos a pasar un mes más así, al que sucedería otro, y otro, y aún otro más ¿y luego? Como si aquello, cualquier cosa que fuera lo que teníamos y nos unía, necesitara una finalidad y no bastara el instante”

“Uno se empeña en seguir caminando con la esperanza de que la costumbre disimule la molestia que produce, pero ocurre al revés: la molestia se convierte en dolor y el dolor se vuelve insoportable”.

“Me irritaba la idea que lo activaba, el contenido, el fondo de la cosa: eso de necesitar siempre a alguien sin que importe demasiado quién sea el elemento, que alguien te cuide como valor superior a cualquier otro”.

“Pasado el tiempo, no sé si lo que sentía por él era amor (qué demonios es exactamente eso, demasiadas veces lo analizamos, lo destripamos, y en ese trajín nos confundimos y acabamos por perderlo), pero sí puedo jurar que se trató de una entrega sin resistencia, no porque no quise resistirme, sino porque no pude resistirme”

“Es hermoso disponer libremente de un cuerpo. También da vértigo. Le pregunto si me nota dentro y me dice sí, noto que estás más dentro que nunca. Veo sus ojos que expresan a la vez deseo y entrega, y yo, allí dentro, satisfago su doble aspiración.”

“Aprendí que podía follar sólo para pedir auxilio: quería dormirme con la seguridad que me otorgaba el peso de sus piernas aprisionando mi cuerpo.”

“Nunca te entregaste, me acusaba, no puedes tener miedo de la persona a la que quieres”.