La cotidianidad inspirada

Mary Lavin es traducida ahora, dos décadas después de su muerte, a nuestra lengua. Se ha atrevido Errata Naturae, que maneja ya una colección de títulos y autores interesantísimos. “En un café” es un libro de relatos, por lo tanto, no hay que leerlo de un tirón. Lo mejor es disfrutar de otras lecturas y regresar a por el siguiente cuento en cualquier momento.

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“En un café” se retrata con maestría lo cotidiano, una sucesión de relatos en los que nos encontramos con pequeñas escenas domésticas que contienen claves universales: el amor, el matrimonio, la familia, el lugar de la mujer en la sociedad, la emigración. Un libro donde también la pobreza se convierte en una protagonista que sostiene a los personajes. No es un libro de héroes, de grandes protagonistas con vidas dramáticas, no hay hazañas, pero sí mucha dignidad. En esencia, comparte con “Manual para mujeres de la limpieza” de Lucia Berlin esa facilidad para atrapar escenas de la vida, aparentemente sencillas, vacías, y llenarlas de contenido, de sensibilidad e interés.

Si tuviese que elegir uno de ellos, sería Limonada, donde Mary Lavin recrea con enorme precisión la amistad incondicional de dos niñas unidas por encima de cualquier convención social.

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Si tienes que regalar, que sean lecturas

Hace ya unos años me dio por recomendar libros en las redes sociales. Una actividad a la que no renuncié a pesar de la poca receptividad que percibía. Hasta que, poco a poco, a través de Twitter, Instagram y Facebook, comencé a recibir peticiones de amigos y amigas interesados por mis lecturas. La última ha sido mi tocaya Sara Valiño, pidiéndome una lista de libros que regalaría. No están ordenadas según me gustaran más o menos, ni por año de publicación. Esta es una lista, hecha a bote pronto, en la que aparecen algunos de los libros que han salido de las primeras cajas de mi reciente mudanza. Ahí va:

“Amy e Isabelle”, de Elisabeth Strout (Seix Barral). Madre e hija adolescente atrapadas en una relación asfixiante. La narración es absolutamente claustrofóbica, aterradora, con diálogos mordaces y descarnados, con magníficas historias dentro del relato de un verano clave en las vidas de las dos protagonistas.

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“Apegos feroces”, de Vivian Gornick (Sexto Piso). Otra vez madre e hija, un relato autobiográfico desde la niñez a la madurez. La relación amor-odio entre dos mujeres maduras, dos modelos femeninos antagónicos. La mujer que es contra la que quiere ser y aquella de la que desea diferenciarse. EL crecimiento, la dependencia, el distanciamiento, las contradicciones, el fracaso, el amor, todo unido y mucho más en una obra tan pequeña como impactante.

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“Felices los felices”, de Yasmina Reza (Anagrama). Siento fascinación por la autora de “Arte”, que en esta ocasión firmó una obra maestra con más de una decena de personajes muy distintos, con problemas y preocupaciones de lo más mundanas, que van entretejiéndose en una trama sorprendente e inesperada. Desde infidelidades, a relaciones sexuales insatisfactorias, desilusiones, rupturas, los deseos y las frustraciones de la clase burguesa francesa. Una novela o un libro relatos, puede leerse como se quiera, porque cada narración tiene entidad propia.

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“Clavícula”, de Marta Sanz (Anagrama). Marta fue mi profesora de Literatura en la Universidad. Una de mis preferidas, y a pesar de eso, decidí no leerla hasta terminar la carrera. “Clavícula” es una novela ácida y divertidísima, y al mismo tiempo una interesante reflexión sobre el dolor, el dolor físico. El relato arranca con la percepción de un dolor pequeño en una zona determinada, que aparece y desaparece, y en torno a él todas las dudas, las fobias, las manías que desarrolla la escritora que lo padece. Es un libro lleno de ironía y de relaciones tiernas, en las que la autora desnuda sus pequeñas miserias y las expone sin pudor. Una delicia.

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“El crimen del vendedor de tricotosas”, de Javier Gómez Santander (Planeta). Esta es una novela para los que saben reírse a carcajadas. La historia de un hombre gris al que, por un mal encuentro, le da un giro la vida. Es imposible no engancharse desde el principio a este triste vendedor de máquinas de coser que se convierte en un asesino por accidente. Interesante especialmente para periodistas. Si tienes un hijo o un joven interesado en la profesión, pásaselo, es lo mejor que se ha escrito para desmitificarla. Ojo, también hay amor, y pingüinos, nazis y algún que otro zombie. Ahí lo dejo.

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“Vernon Subutex”, de Virginie Despendes (Random House). La autora de “Teoría King Kong” (un manifiesto feminista feroz, provocador e irreverente que deberías leer si es que aún no lo has hecho) ha publicado ya los dos primeros libros de esta trilogía que os recomiendo con intensidad. Una novela generacional en la que se mezclan actrices porno con estrellas de la música, productores y creadores fracasados, lesbianas, chicas con velo, una interesante reflexión social. “Vernon Subutex” es la historia de aquellos que lo íbamos a tener todo y todo lo perdimos en el camino. Es el retrato de una sociedad angustiada, que se descompone, en la que manda el individualismo, sin valores, de una generación a punto de ser expulsada de un mercado de trabajo explotador, de unos hombres y mujeres educados en el progreso que fracasan cuando se suponía que iban a vivir mejor que sus padres. Inmigración, capitalismo, xenofobia, lucha de clases, un análisis feroz e imprescindible de aquello en que nos hemos convertido.

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“La uruguaya”, de Pedro Mairal (Libros del Asteroide). Un libro que no puedes dejar de leer, imposible soltarlo en cuanto te metes en la historia, y lo haces desde la primera página. Infidelidad, frustraciones de la edad madura, en “La uruguaya” hay sexo, dinero, fútbol, humor y amargura. Una narración corta con la que poder sentirse identificado, llena de amores mentales, de esas válvulas de escape imprescindibles cuando uno se siente encerrado en su pareja o matrimonio. Un nuevo Peter Pan que descubre lo jodido de ir haciéndose mayor. Un libro delicia.

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“También esto pasará”, de Milena Busquets (Anagrama). Una hermosa reivindicación de la pena ante la muerte de la madre. Un duelo apenas perceptible a pesar de todo. Una lectura por la que discurren la seducción y la diversión, una voz ácida y sin pretensiones llena de frases para subrayar, potente y deslumbrante. No os podéis imaginar cuánto lloré este libro del que tanto disfruté y al que me aterra volver por tanto como remueve.

TAMBIÉN

“Despedida que no cesa”, de Wolfgang Hermann (Periférica). Otro duelo, el de un padre que despierta y encuentra a su hijo muerto en su cuarto. Una paternidad amputada, una atmósfera donde el dolor por la pérdida se vuelve asfixiante, donde los detalles más ridículos cobran cuerpo sobredimensionado. Una narración en la que conviven la incredulidad, la rabia, el miedo y la culpa, la constante de la muerte sobrevolando el mundo nuevo que ha de construirse con la ausencia del hijo. Un libro que es un desgarro. Llegué a él de casualidad, era de esos que van cogiendo polvo en una mesa de la redacción de la Cadena SER con el que arramplé después de semanas parándome en los ojos del autor, que llenan la portada.

DESPEDIDA

“7 de julio”, de Chapu Apaolaza (Libros del KO). Da igual que pases, que no te gusten los toros, porque perderse este encierro emocional debería estar penado. “7 de julio” es un libro autobiográfico y de memoria colectiva, con un ritmo frenético que te adentra en el miedo, la muerte y la suerte. Absolutamente capaz de hacerte sentir un latigazo recorriéndote la columna, notar el aliento del toro en la nuca. A veces no se puede explicar por qué se ama, no es el caso de Chapu. Lo entiendes y lo amas.

7JULIO

“Nosotros en la noche”, de Kent Haruf (Ramdon House). Otro de esos libros a los que se llega por casualidad, que acaba enamorándote. Imagina que tienes setenta años y hace ya muchos que enviudaste. Llevas tiempo a solas y ahora, ya envejecida, descubres que estás cansada de dormir sola. No buscas sexo, aunque si surge no le vas a hacer ascos; no buscas un nuevo matrimonio, sólo te mueve sentir el calor de otro cuerpo entre tus sábanas, la respiración de alguien a tu lado, abrir los ojos y descubrir otros mirándote, aferrar una mano tibia que se te ofrece. Eso y mucho más es “Nosotros en la noche”. Una historia de ancianos inconformistas, sociedades de apariencias, hijos egoístas y nietos que dan la vida.

nosotros

“Un amor imposible”, de Christine Angot (Anagrama). El año pasado leí una novela que me conmocionó intensamente, “Una semana de vacaciones”, de una inocencia y crudeza brutales. Cuando comencé a leer éste sentía una forma de narrar que me resultaba muy familiar, por su transparencia y por ese estremecimiento que va generándote. Sí, amigos, amigas, soy muy despistada, así es que paré a mirar la lengüeta del libro y ahí estaba. Ya conocía a la autora, era la misma que me había causado tanta zozobra el verano anterior. “Un amor imposible”, autobiográfico, describe la relación de amor entre madre e hija de una forma exquisita que os emocionará, incluso cuando dejan de ser cómplices. Es el retrato de una madre más hermoso y duro que he leído nunca. (Si podéis, leed los dos).

IMPOSIBLE

“Tú no eres como otras madres”, de Angelika Schrobsdorff (Periférica y Errata naturae). A veces una se siente un poco voyeur leyendo sobre la apasionante vida de Else. Una vida intensa, llena de viajes, literatura, teatro, plena en amantes y sólo un par de amores. De libertad y de cadenas. Una obra que habla de la confianza como base sólida de una relación, confianza por encima de fidelidad, pues no hay mayor complicidad o lealtad que la de vivir alejados de la mentira.

OTRAS MADRES

“Apropiación indebida”, de Lena Andersson. Inquietante, angustioso, tierno en ocasiones y divertido a veces. Una excelente novela en la que todos podríamos vernos reflejados. Nuestras pequeñas neuras, ese estado de esclavitud y embriaguez que se apodera de todo nuestro organismo cuando nos enamoramos. Amas y detestas a la protagonista a partes iguales, si fuese tu amiga le habrías dado un sopapo para que se olvidase de él. En fin, ya sabéis de qué va, pero tenéis que leerlo. La reflexión final sobre la esperanza es cruda y magnífica.

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“Recursos inhumanos”, de Pierre Lemaitre (Negra Alfaguara). Os recomiendo esta novela, aunque podríais leer cualquiera de Lemaitre y os engancharía (“Tres días y una vida”, por ejemplo, que es adictiva, de una acción trepidante y angustiosa. Relata una atrocidad y aún así te identificas tanto con el que la comete que…). “Recursos inhumanos” es una novela ferozmente actual que bebe de la crisis económica que nos ha dejado tiesos de derechos y de solidaridades. Una novela en la que puedes encontrar lo mejor del género (empecé hace dos veranos a leer novela negra y estoy entregada), hay acción, hay violencia, y lo peor es que, aunque sabes que el protagonista no está haciendo lo correcto, quieres que todo le salga bien.

RECURSOS

“Solos”, de Paloma Bravo (Alfabia). Es una novela, pero leyéndola, puedes imaginarte perfectamente a los cuatro protagonistas sobre el escenario de un teatro. “Solos” habla de la falta de comunicación en la pareja, de las dudas de la edad adulta, la amistad, la paternidad, el sexo, las frustraciones, los desengaños, las infidelidades, los anhelos. Del amor, por supuesto. Con unos diálogos frenéticos, hirientes, inteligentes, llenos de ironía y mala leche, “Solos” desprende verdad. Os dejo por aquí el enlace que publiqué en este blog cuando terminé de leerlo: https://sarasolomando.wordpress.com/2016/03/24/la-belleza-de-lo-cotidiano/ para que le echéis un ojo. Me consta que leyendo esas frases escogidas hubo quien compró el libro.

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“Los hombres me explican cosas”, de Rebecca Solnit (Capitán Swing). Muy recomendable para hombres y mujeres, (sí, va de feminismo, no temas, que las feminazis no estamos implicadas en holocausto alguno). Útil para identificar conductas a erradicar, machismos y micromachismos (pequeños gestos que se repiten a diario, como pedir la cuenta y que se la pasen a él, o que nos acompañen al taller y el mecánico se dirija a ellos). Nueve ensayos pequeños que tocan el paternalismo cotidiano, los feminicidios, la violencia sexual y mucho más. Si has oído hablar alguna vez de “mansplaining” es gracias a Solnit. Eso que ocurre habitualmente en reuniones de amigos o de trabajo, cuando un hombre te quita la palabra y te corrige o alecciona, aunque no tenga, perdón por la expresión, ni puta idea de lo que está hablando. “Todas las mujeres saben de qué les estoy hablando. Es la arrogancia lo que lo hace difícil, en ocasiones, para cualquier mujer en cualquier campo; es la que mantiene a las mujeres alejadas de expresar lo que piensan y de ser escuchadas cuando se atreven a hacerlo; la que sumerge en el silencio a las mujeres jóvenes indicándoles, de la misma manera que lo hace el acoso callejero, que este no es su mundo. Es la que nos educa en la inseguridad y en la autolimitación de la misma manera que ejercita el infundado exceso de confianza de los hombres”.

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Como podéis ver, hay muchas autoras. Existen. No temáis, acercaos a la literatura de su mano sin prejuicios. Tienen la mirada de la otra mitad de la población, es distinta a veces, en muchas ocasiones, y necesaria siempre.

Recomendaría más (“Instrumental”, de James Rhodes; “11M, el honor de servir” de Alfonso del Álamo; “París-Austerlitz” de Rafael Chirves; “Chicos y chicas” de Soledad Puértolas; “El periodista deportivo” de Richard Ford; “Basada en hechos reales” de Delphine de Vigan) y lo iré haciendo aquí. Es mi propósito para 2018. Pero si no cumplo, o voy más lenta que vuestra voracidad lectora, echad un ojo a las redes de Lara Hermoso (aquí su cuenta de Twitter y su blog) y a la web de Paloma Bravo, son mis “gurusas” en esto de encontrar lecturas.

De amor y rutinas 

“Ese es el secreto, reducir al máximo la exigencia de felicidad”

“Como si ya no cupiera esperar nada de mí, ni siquiera la conciencia de mis propias renuncias.”

“Me parece lamentable que los muertos no tengan ningún poder.”

“Me parece bastante miserable ese modo silencioso con el que los hombres nos expulsan al curso del tiempo.”

“Los hombres son absolutamente inmovilistas. El movimiento lo creamos nosotras. Nos ahogamos avivando el amor.”

“Dos seres viven juntos y aún así su imaginación los aleja de modo cada vez más definitivo. Las mujeres construyen palacios encantados en su interior. Uno permanece momificado allí sin enterarse.”

“Me gustaría toparme, entre los cientos de cuerpos que deseo, con el que poseyera el don de lastimarme.”

“Lo que deseo de verdad no puede formularse. Ser golpeado en la cara, ofrece la cara a los golpes, ofrendas mis labios, mis dientes, mis ojos, y de repente ser acariciado, cuando menos me lo espere, y de nuevo golpeado a buen ritmo, en la cadencia justa, y cuando me corra, que me abracen, que me lleven en brazos, que me cubran de besos.”

“Te amo con la cabeza, con el corazón y con el rabo.”

“Un hombre es un hombre. No hay hombres casados, ni hombres prohibidos.”

“Uno de los efectos del deterioro sentimental es que nada fluye. Todo se transforma en un signo, todo hay que descifrarlo.”

“Invadido por la melancolía de los amantes cuando ya no sucede nada al margen de la cama.”

“Si los hombres querían reconocernos una única cualidad, era esa. Los redimimos. Los enaltecemos en cuando podemos.”

“Y de qué me sirve verlo ahora como un pobre mequetrefe? Ese pobre mequetrefe me degrada y no me hace ningún bien.”

“Hay momentos que tras la cortesana asoma la buena mujer.”

“Aguantarse el llanto es inútil. La pena permanece alojada en algún sitio.”

La forma en que me amaste

“Pasado el tiempo, no sé si lo que sentía por él era amor (qué demonios es exactamente eso, demasiadas veces lo analizamos, lo destripamos, y en ese trajín nos confundimos y acabamos por perderlo), pero sí puedo jurar que se trató de una entrega sin resistencia, no porque no quise resistirme, sino porque no pude resistirme”

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“De uno que es como tú no temes nada, ni abusas, sabes protegerte de él, y en cierto modo lo proteges.”

“Me echaba en cara que yo nunca me hubiese entregado a él de verdad. Siempre con prevenciones, con sospecha, no sabes lo que es querer a alguien me recriminó. Se expresaba con una mezcla de altivez y de mendicidad sentimental.”

“Durante meses he llegado a creerme que mi ideal de vida coincidía con el suyo: envejecer juntos chapoteando en el pequeño estanque de los hábitos”.

“Expresa el contraste entre lo gozoso y lo complicado que ha habido en nuestra relación, lo violento y lo tierno, y esta especie de síntesis de nuestra amistad de ahora. Daba por supuesta una relación blanca (a él se le torcía la boca, no aceptaba esa blancura impoluta, necesitaba el tránsito de sangre y flujos en los cuerpos).”

“En realidad, por debajo de aquella piel, en aquel cuerpo que parecía un atlas de los huesos humanos, qué quedaba del hombre que me atrajo”.

“Tuve celos del Michel que aparecía o adivinaba entre las líneas de aquellas cartas y yo no había sido capaz de reconocer durante los meses que viví con él; pero eso era una falsa visión, un espejismo. No debía dejarme llevar por la turbulencia que ponían en marchas las palabras exaltadas o afectuosas de la correspondencia en aquel estado de excepción sentimental que era una enfermedad: las palabras amorosas y cargadas de erotismo de Ahmed, guardades en la caja de marquetería en caoba mesmerizaban el aire de la habitación mientras se leía, reavivaban lo que hacía tiempo que era sólo fría ceniza.”

“Dije año y pico antes la palabra amar, y ahora, cuando ese sentimiento ya no existía, afrontaba las consecuencias”.

“Creo que he cumplido con mi presencia, con mis gestos: aquí estoy, dime si necesitas algo, qué quieres que te traiga, pero no he podido inventarme ni un ápice de amor; la amistad sé que le hacía daño: la tristeza que lo asaltaba cada vez que nos decíamos adiós en el hospital, el deseo incumplido, la ansiedad por lo que no acaba de llegar, el improbable paso de amante a amigo es siempre así.”

“Las yemas de sus dedos, con las grietas de la piel y el borde de las uñas ennegrecidos en la fábrica, trabajaban con pericia laboral en mi cuerpo. La sensación de que, como a cualquier herramienta, al ser humano lo pule el uso: lo concede destreza, ductilidad.”

“Hermoso lo que se acabó, o disolvió, lo que no pudo ser, o se rompió y he perdido; lo que no supe, lo que me convino, lo que no quise guardar, yo qué sé: hablo del dolor que hoy siento por algo que la enfermedad ha resuelto de modo tajante, cerrando la puerta del arrepentimiento, disolviendo la duda acerca de si era o no posible una vuelta atrás. Ha convertido en irreparable lo que quiera que aquello haya sido.”

“Vivimos meses en estado de exaltación en la que el alcohol y sexo formaban una maneja que no había manera de desenredar, bebíamos para desearnos más y nos deseábamos más porque bebíamos”.

“Su afán por poseerme entero y por que yo lo poseyese en las misma condiciones fueron así desde el primer día, sólo que a mí al principio eso me halagó, me dio seguridad, me devolvió cierto orgullo, y me libró de mi propio desamparo, y ahora ya no era así”.

“Él se encogía como si buscara protección y yo me sentía protegido. Prodigios de la primera etapa del amor. Engañosas prestidigitaciones de la carne y juego de disfraces (los disfraces del deseo: la flor que atrae con su brillante color al insecto)”.

“Pensaba que íbamos a pasar un mes más así, al que sucedería otro, y otro, y aún otro más ¿y luego? Como si aquello, cualquier cosa que fuera lo que teníamos y nos unía, necesitara una finalidad y no bastara el instante”

“Uno se empeña en seguir caminando con la esperanza de que la costumbre disimule la molestia que produce, pero ocurre al revés: la molestia se convierte en dolor y el dolor se vuelve insoportable”.

“Me irritaba la idea que lo activaba, el contenido, el fondo de la cosa: eso de necesitar siempre a alguien sin que importe demasiado quién sea el elemento, que alguien te cuide como valor superior a cualquier otro”.

“Pasado el tiempo, no sé si lo que sentía por él era amor (qué demonios es exactamente eso, demasiadas veces lo analizamos, lo destripamos, y en ese trajín nos confundimos y acabamos por perderlo), pero sí puedo jurar que se trató de una entrega sin resistencia, no porque no quise resistirme, sino porque no pude resistirme”

“Es hermoso disponer libremente de un cuerpo. También da vértigo. Le pregunto si me nota dentro y me dice sí, noto que estás más dentro que nunca. Veo sus ojos que expresan a la vez deseo y entrega, y yo, allí dentro, satisfago su doble aspiración.”

“Aprendí que podía follar sólo para pedir auxilio: quería dormirme con la seguridad que me otorgaba el peso de sus piernas aprisionando mi cuerpo.”

“Nunca te entregaste, me acusaba, no puedes tener miedo de la persona a la que quieres”.

La soledad encontrada

“No sé cómo hacíamos para interesarnos el uno en el otro con lo poco que podíamos ofrecernos, los dos al borde de nuestras trastornadas vidas. Pero cualquier arrebato de frenesí es posible cuando estás muy solo y al límite de tus recursos. La libertad rebelde es para quienes puedan soportarla.”

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“No es fácil tener a un divorciado por vecino. En él anida el caos, la naturaleza oscura del sexo que cuestiona el contrato matrimonial.”

“Uno puede soñar su propio camino a través de una vida mejor y no despertar nunca, y yo estuve a punto de hacerlo.”

“Tal vez he llegado a una edad en la que ya no necesito a los hombres”.

“Lo que todos queremos en realidad es llegar a ese punto en el que el pasado ya no nos diga nada acerca de nosotros mismos y podamos seguir adelante.”

“La desdicha no requiere compañía, la felicidad sí.”

¿Cuál es la medida real de la amistad? Voy a decírselo a ustedes. Es la cantidad de tiempo que uno desperdicia con las desgracias y las calamidades del otro”.

“No hay nada trivial en nuestros placeres ni en nuestros desastres”.

“La experiencia moderna del placer va unida a la certidumbre de que se va a terminar”.

“La vida matrimonial requiere que haya un misterio compartido, aunque se conozcan todos los hechos.”

“Es imposible llegar a conocer a alguien totalmente, así que ya no lo intento. El resultado es un misterio incondicional y placentero”.

“La verdad en exceso puede ser peor que la muerte, y dura mucho más”.

“Nada incita más al desprecio que alguien que hace algo distinto de lo tuyo, no lo hace mal y encima no se queja”.

“Nunca se puede generalizar a partir de las propias pasiones”.

“Ella se rendía a la literalidad de la vida, pero a casi nada más. Por eso el misterio emanaba de ella como una alarma contra incendios. No se puede buscar mucho más en la vida sin sufrir complicaciones.”

“No estoy seguro de que nos queramos y nos necesitemos mutuamente. Pero queremos hacer una fuerza común en un mundo pequeño y aprovechar bien el tiempo que nos queda”.

“Quiero irme por ahí y que me dejes quererte.”

“La muerte es un remedio demasiado drástico para casi todo”.

“Los hombres siempre piensan que los demás hombres son gilipollas – dice X fríamente-. Es sorprendente cuán a menudo aciertan”.

“Los escritores, todos los escritores necesitan pertenecer a algún sitio. Sólo que los escritores de verdad, desgraciadamente, son socios de un club de un solo miembro.”