Freya Stark y Llucia Ramis

Freya Stark nació en una época en la que aún había que pedir permiso a padres o esposos para viajar. Se adentró en el Valle de los Assasins cuando ningún occidental se atrevía a hacerlo, y publicó decenas de libros de viajes con sus aventuras y descubrimientos.

De Freya y de un libro recién publicado, os he hablado en “Las piernas no son del cuerpo”.

“Las posesiones” de Llucia Ramis, en Libros del Asteroide. Es una novela llena de interesantes reflexiones, dura con el estado del periodismo actual, y muy rica en sentimientos. Un análisis interesante sobre el amor, la madurez, la melancolía, la locura. Tiene un arranque absolutamente asombroso que hace que te pegues a las páginas y no puedas dejar de leer. Hay asesinatos, hay desesperación, hay corrupción, hay pelotazo inmobiliario, hay rupturas, hay nostalgia. Hay vida, en definitiva. Es un libro cargado de verdad.

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James Barry y Paloma Bravo

James Barry podría haber sido Margaret Ann Bukley, nunca lo sabremos porque, para dedicarse a lo que le gustaba, tuvo que renunciar a ser quien era. Así es que se vistió de hombre, fingió serlo toda su vida, para poder estudiar Medicina y luego practicar la cirugía

En “Las piernas no son del cuerpo” os conté más sobre este eminente cirujano que resultó ser una mujer. ¿Tienes curiosidad por saber cómo lo descubrieron?

Además os recomiendo, otra vez, muchas, la lectura de “Solos” de Paloma Bravo en la editorial Alfabia. Es una novela, pero leyéndola, puedes imaginarte perfectamente a los cuatro protagonistas sobre el escenario de un teatro. “Solos” habla de la falta de comunicación en la pareja, de las dudas de la edad adulta, la amistad, la paternidad, el sexo, las frustraciones, los desengaños, las infidelidades, los anhelos. Del amor, por supuesto. Con unos diálogos frenéticos, hirientes, inteligentes, llenos de ironía y mala leche. “Solos” desprende verdad.

Si te preguntas qué puedes encontrar en “Solos”, aquí te dejo el enlace a una de mis entradas antiguas.

Maria Anna Mozart y Virginie Despentes

Mozart, sí, Wolfgang Amadeus, fue un genio. ¿Lo habría sido también su hermana Maria Anna de haber nacido en el siglo XXI?

En “Las piernas no son del cuerpo” hablé de ella, y recomendé leer a Virginie Despentes.

La trilogía “Vernon Subutex” de Virginie Despentes, la encontraréis en Random House. La autora de “Teoría King Kong” (un manifiesto feminista feroz, provocador e irreverente que deberías leer si es que aún no lo has hecho) ha publicado una novela generacional en la que se mezclan actrices porno con estrellas de la música, productores y creadores fracasados, lesbianas, chicas con velo, una interesante reflexión social. “Vernon Subutex” es la historia de aquellos que lo íbamos a tener todo y todo lo perdimos en el camino. Es el retrato de una sociedad angustiada, que se descompone, en la que manda el individualismo, sin valores, de una generación a punto de ser expulsada de un mercado de trabajo explotador, de unos hombres y mujeres educados en el progreso que fracasan cuando se suponía que iban a vivir mejor que sus padres. Inmigración, capitalismo, xenofobia, lucha de clases, un análisis feroz e imprescindible de aquello en que nos hemos convertido. Despentes utiliza en su narración los diálogos internos identitarios de los protagonistas e incide en un discurso cargado de alegatos contra la sociedad capitalista que ha adormecido a las clases obreras de todo el mundo. Carga contra la islamofobia, el machismo, el consumismo, el liberalismo, la xenofobia o el capitalismo con una agudeza propia de quien ha sobrevivido a todo tipo de limitaciones.

 

Comenzar de cero

Esta semana en “Las piernas no son del cuerpo” he recomendado la lectura de “La analfabeta” de Agota Kristof, de la editorial Alpha Decay.

Es una libro autobiográfico, corto, de apenas 34 páginas, (de hecho, en esta edición casi es más largo el prólogo que se marca Josep María Nadal). Lo importante de este librito en cualquier caso es lo que cuenta Agota Kristoff sobre su niñez, una infancia feliz, en la que devoraba cuantos libros caían en sus manos. Una afición que no sólo no le era reprimida, sino alimentada.

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Vemos la transición de esa niñez lectora a la adolescencia en un internado en el que al frío y al hambre se unen la pobreza y la separación de su familia. Se produce un primer paso importante, de lectora a escritora. Y continúa con una juventud con los soviéticos aplastando la revolución de Budapest, la huida.

Una nueva transformación, ahora, en refugiada. Y una pérdida, la de la lengua. Agota se convirtió en una de las mejores escritoras del siglo XX precisamente en el país en el que se exilió, en Suiza, y comenzando de nuevo, con otra lengua. De ahí el título, la analfabeta. La historia de una mujer que tuvo que aprender a leer y a escribir de nuevo, en otro idioma. Es un libro joya, con frases cortas preñadas de grandes reflexiones.

Lo de dentro

Robo a Robe. Ese tercer movimiento me asalta cada vez que aparece Ted, uno de los protagonistas de “La primera mano que sostuvo la mía”. Ese Ted asustado y mezquino que se aferra a Elina y la ata con un hijo. O Innes que da la vuelta al mundo de una Lexie que pasa de hacer lo que dicen sus padres a crecer en el vaivén de un tipo que viste camisas de color azul huevo de pato…

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“La primera mano que sostuvo la mía” de Maggie O’Farrell, es de la editorial Libros del Asteroide. Tenemos a dos protagonistas en dos tiempos distintos: mediados del siglo XX, con Lexie, una jovencita que a penas cumple 18 años decide dejar su casa familiar en el campo, una vida aburrida y asfixiante, para instalarse en Londres, y Elina, en el siglo veintiuno, una artista que ve como toda su vida se trastoca con el nacimiento de su hijo. Elina y Ted. Lexie e Innes. Lo fascinante de esta novela es cómo la autora es capaz de entrelazar las vidas de los protagonistas, historias de afectos y desapegos, con una calidad literaria magnífica y con pasajes de la vida cotidiana que, en ocasiones, son aterradores. Es el primer libro que leo de esta autora y me han impresionado su capacidad de manejar los tiempos y de jugar con la intriga.