La fidelidad hipotecada

“Las parejas marcadas por los años tienen muchas y óptimas razones para no hablarse. Es verdad. Pero también es verdad que tienen otras muchas razones para evitar el silencio. Se hablan, entonces, como en una película de acción se habla al herido gravemente: para mantenerlo despierto y evitar que se abandone a la languidez del sueño, y luego, desde allí, caiga en el sopor último de la muerte”.

padre

“En cuanto marido y mujer, ya no nos quedaba más que decidir si vivir o morir por algo en lo que, de todas formas, ya no creíamos”.

“Nuestro error había sido querer ser felices. Las generaciones que nos habían precedido nunca habían sometido a esa clase de hipoteca”.

“Me convertí al amor porque me aburría. Uno no está obligado a pasar por el tedio de sí mismo, si se quieren alcanzar determinados resultados”

“Cómo ir a la conquista del mundo solo para poder prenderle fuego”.

“Me comportaba como un verdadero toxicómano de mi tormento”.

“En cuanto una respuesta gélida suya me desmontaba, perdía toda clase de reserva, incluso de vergüenza y empezaba a lloriquear. Me consumía, me obsesionaba con ella, luego me arrepentía, añadiendo más obsesión a la obsesión. Concebía planes audacísimo”.

“El amor no se basta a sí mismo”.

“Tal vez vivir junto a otro ser humano significa precisamente eso: hacerse uno responsable de las propias elipsis, de las elecciones respecto a las cosas por las que uno considera posible pasar en silencio, esas omisiones necesarias para el relato de una vida en común”.

En el deseo del hombre hacia la mujer hay implícita una brutal agresión que une a los cuerpos en su destrucción”.

“Dejamos de ser una pareja un instante después de habernos convertido en una familia”.

“No creáis a quien os dice que las camas de matrimonio son camas de pasiones apagadas. Por el contrario, las existencias conyugales están repletas de tormento cuyo teatro es precisamente el tálamo nupcial.”

“Entre un atentado en el metro, una vaca loca y una invasión, durante años hemos anunciado cada día el fin del mundo. (…) Al apocalipsis lo sustituía el declive, a la catástrofe, la decadencia. El espectro del final ya no se anunciaba como derrumbe, sino como agotamiento”.

“Somos una generación despojada. No desilusionada, ni tampoco desencantada, porque nunca tuvimos tiempo de hacernos auténticas ilusiones”.

“Crecimos con la promesa de una expansión infinita; en cambio, vivimos en un universo en contracción.

“El golpe de estado de la infancia se debe no a una falta de cuidados de los padres hacia sus hijos, sino a un exceso de ellos”.

“Recuerdo bien cuándo empezamos a querernos. Respecto a eso no hay engaño que se sostenga. Recuerdo la euforia de los inicios, que ya entonces era una idea. Recuerdo que calentábamos nuestro corazón pensando que, algún día, el hombre y la mujer maduros volverían atrás la mirada y nos la dirigirían a nosotros dos, como a sus propios antepasados remotos.”

“No me resigno a creer que vivir signifique tomar el camino más corto hacia la extinción”.

“El resto es ruido. Vanidad de vanidades. El resto no nos atañe”

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