Democrackcia

¿Qué pasa cuando un alcalde no se atreve a ejecutar una medida impopular? Lo consulta con el pueblo, así, con este “ejercicio de democracia”, se lava las manos y sea cual sea la decisión la tomaron otros. Un ejemplo de cobardía que ha servido esta semana para poner a tres localidades extremeñas en el mapa: el famoso toros o trabajo de Guijo de Galisteo y sus dos pedanías, Valrío y Batán.

Recordemos los hechos. Portadas, minutos de radio y televisión encuentran hueco para contar que, en época de crisis, un pequeño pueblo cacereño y sus dos poblados de colonos celebrarán un referémdum para decidir si del presupuesto para las fiestas patronales se destinarán 15.000 euros en festejos taurinos. “¡Qué escándalo!” dicen unos… “¿Pero realmente hay que consultar algo así con la que está cayendo?”

La votación se produce un domingo en el que están llamados a las urnas alrededor de 1.400 vecinos de las tres localidades. Cuando acaba la jornada sólo se han presentado a votar 423 vecinos que mayoritariamente escogen la papeleta de los toros. Aquí el alcalde de Guijo de Galisteo se enfrenta a otra cuestión. Porque la balanza taurina sólo se ha inclinado en dos de los tres municipios. Así es que decisión salomómica: 5.000 euros para cada uno y que ellos lo destinen a empleo o encierros.

La mayoría taurina llama la atención fuera de Extremadura. Un asunto delicado, sin duda, porque se enfrenta la necesidad de crear puestos de trabajo con la animadversión de muchos a todas las fiestas en las que participan animales. En este caso toros o vaquillas. Es decir, el debate es mucho más profundo en el resto del país que en estas localidades donde los encierros son fiestas arraigadas y muy populares que cada año mueven millones de euros a lo largo de toda la región. Sí, porque aunque es cierto que el Estado subvenciona “la fiesta” quienes se oponen a ella se curan bien en contar cuáles son los beneficios que genera. En declaraciones a Estefanía Zarallo, crítica taurina del Diario HOY, el profesor de Teoría Económica en la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de la Universidad de Extremadura, Juan Medina explica que al 37% de los españoles le interesa la tauromaquia, todo un caramelo por el que cualquier empresario apostaría. Según los estudios de este profesor universitario el año pasado el Estado ingresó 41 millones de euros en concepto de IVA por la venta de 9.850.000 entradas. Una cifra de negocio a la que luego hay que sumar los ingresos que se generan alrededor de esas fiestas. Ponen Zarallo y Medina el ejemplo de otra plaza extremeña, la de Olivenza: en el fin de semana de su feria se mueven dos millones de euros cuando la subvención del Ayuntamiento es de 80.000 euros. ¿Rentables o no?

En cualquier pueblo extremeño comerciantes y hosteleros están deseando que lleguen las fiestas patronales, con sus tardes de toros o encierros para poder hacer la caja que les salve buena parte del año. Es, otra forma de generar riqueza y empleo. ¿Qué ha pasado en Guijo de Galisteo y sus pedanías? Tres lugares donde hay que recordar los índices de desempleo son elevados (25%). ¿Por qué no se ha votado por el empleo? Probablemente porque, además de ser fiestas muy arraigadas, surga la duda de si será justo o no el reparto de esos empleos, cuando con los encierros se beneficia todo un pueblo. Localidades que se llenan en esos días de suelta de vaquillas por las calles de paisanos llegados de pueblos cercanos que comen, beben o allí pernoctan.

Más allá de ese debate, el de toros sí o toros no, hay algo más preocupante que es el valor y el uso del voto. En un país donde nuestros representantes sufren cuando se les plantea una bajada de sus retribuciones, donde encuentran mil y una excusa para arañar un pellizquito más en una comisión, en un empresa pública, en una gerencia. En un país donde los políticos se sientan en las mesas de los consejos de administración de cajas que engañan y manipulan a sus clientes para la compra de preferentes, pedir a un político que sea valiente y que tome una decisión transcendente es casi un chiste. Y no lo hizo Francisco Javier Antón, alcalde socialista de Guijo. Uno de sus concejales, en declaraciones a la SER, reconoció sin pudor que “cualquiera se atreve a quitar las sueltas de vaquillas así como así”. Y saca pecho a toro pasado el portavoz de la oposición, del Partido Popular, Leopoldo Sánchez, diciendo que se avergüenza de la imagen que ha dado su pueblo. Pues señor mío, esa es la gente que le ha dado sus votos, los vecinos a los que representa. Porque si bien es cierto que su grupo, apoyado por un tránsfuga del PSOE, se opuso a la celebración de este peculiar referendum, también lo es que aprovechándose de la fragilidad del equipo de gobierno ha tumbado un plan de ajuste económico municipal que deja en situación precaria a su municipio.

El debate por tanto no es si toros sí y empleo no, sino si realmente nos merecemos los ciudadanos a los políticos que nos representan. Y en Guijo de Galisteo nos encontramos con toda una opereta: el alcalde cobarde, la oposición irresponsable, y el tránsfuga. ¿Volverán a fijarse los medios nacionales e incluso internacionales en estas pequeñas poblaciones cuando tengan, con toda probabilidad, que convocar nuevas elecciones?