Si tienes que regalar, que sean lecturas

Hace ya unos años me dio por recomendar libros en las redes sociales. Una actividad a la que no renuncié a pesar de la poca receptividad que percibía. Hasta que, poco a poco, a través de Twitter, Instagram y Facebook, comencé a recibir peticiones de amigos y amigas interesados por mis lecturas. La última ha sido mi tocaya Sara Valiño, pidiéndome una lista de libros que regalaría. No están ordenadas según me gustaran más o menos, ni por año de publicación. Esta es una lista, hecha a bote pronto, en la que aparecen algunos de los libros que han salido de las primeras cajas de mi reciente mudanza. Ahí va:

“Amy e Isabelle”, de Elisabeth Strout (Seix Barral). Madre e hija adolescente atrapadas en una relación asfixiante. La narración es absolutamente claustrofóbica, aterradora, con diálogos mordaces y descarnados, con magníficas historias dentro del relato de un verano clave en las vidas de las dos protagonistas.

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“Apegos feroces”, de Vivian Gornick (Sexto Piso). Otra vez madre e hija, un relato autobiográfico desde la niñez a la madurez. La relación amor-odio entre dos mujeres maduras, dos modelos femeninos antagónicos. La mujer que es contra la que quiere ser y aquella de la que desea diferenciarse. EL crecimiento, la dependencia, el distanciamiento, las contradicciones, el fracaso, el amor, todo unido y mucho más en una obra tan pequeña como impactante.

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“Felices los felices”, de Yasmina Reza (Anagrama). Siento fascinación por la autora de “Arte”, que en esta ocasión firmó una obra maestra con más de una decena de personajes muy distintos, con problemas y preocupaciones de lo más mundanas, que van entretejiéndose en una trama sorprendente e inesperada. Desde infidelidades, a relaciones sexuales insatisfactorias, desilusiones, rupturas, los deseos y las frustraciones de la clase burguesa francesa. Una novela o un libro relatos, puede leerse como se quiera, porque cada narración tiene entidad propia.

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“Clavícula”, de Marta Sanz (Anagrama). Marta fue mi profesora de Literatura en la Universidad. Una de mis preferidas, y a pesar de eso, decidí no leerla hasta terminar la carrera. “Clavícula” es una novela ácida y divertidísima, y al mismo tiempo una interesante reflexión sobre el dolor, el dolor físico. El relato arranca con la percepción de un dolor pequeño en una zona determinada, que aparece y desaparece, y en torno a él todas las dudas, las fobias, las manías que desarrolla la escritora que lo padece. Es un libro lleno de ironía y de relaciones tiernas, en las que la autora desnuda sus pequeñas miserias y las expone sin pudor. Una delicia.

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“El crimen del vendedor de tricotosas”, de Javier Gómez Santander (Planeta). Esta es una novela para los que saben reírse a carcajadas. La historia de un hombre gris al que, por un mal encuentro, le da un giro la vida. Es imposible no engancharse desde el principio a este triste vendedor de máquinas de coser que se convierte en un asesino por accidente. Interesante especialmente para periodistas. Si tienes un hijo o un joven interesado en la profesión, pásaselo, es lo mejor que se ha escrito para desmitificarla. Ojo, también hay amor, y pingüinos, nazis y algún que otro zombie. Ahí lo dejo.

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“Vernon Subutex”, de Virginie Despendes (Random House). La autora de “Teoría King Kong” (un manifiesto feminista feroz, provocador e irreverente que deberías leer si es que aún no lo has hecho) ha publicado ya los dos primeros libros de esta trilogía que os recomiendo con intensidad. Una novela generacional en la que se mezclan actrices porno con estrellas de la música, productores y creadores fracasados, lesbianas, chicas con velo, una interesante reflexión social. “Vernon Subutex” es la historia de aquellos que lo íbamos a tener todo y todo lo perdimos en el camino. Es el retrato de una sociedad angustiada, que se descompone, en la que manda el individualismo, sin valores, de una generación a punto de ser expulsada de un mercado de trabajo explotador, de unos hombres y mujeres educados en el progreso que fracasan cuando se suponía que iban a vivir mejor que sus padres. Inmigración, capitalismo, xenofobia, lucha de clases, un análisis feroz e imprescindible de aquello en que nos hemos convertido.

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“La uruguaya”, de Pedro Mairal (Libros del Asteroide). Un libro que no puedes dejar de leer, imposible soltarlo en cuanto te metes en la historia, y lo haces desde la primera página. Infidelidad, frustraciones de la edad madura, en “La uruguaya” hay sexo, dinero, fútbol, humor y amargura. Una narración corta con la que poder sentirse identificado, llena de amores mentales, de esas válvulas de escape imprescindibles cuando uno se siente encerrado en su pareja o matrimonio. Un nuevo Peter Pan que descubre lo jodido de ir haciéndose mayor. Un libro delicia.

URUGUAYA

“También esto pasará”, de Milena Busquets (Anagrama). Una hermosa reivindicación de la pena ante la muerte de la madre. Un duelo apenas perceptible a pesar de todo. Una lectura por la que discurren la seducción y la diversión, una voz ácida y sin pretensiones llena de frases para subrayar, potente y deslumbrante. No os podéis imaginar cuánto lloré este libro del que tanto disfruté y al que me aterra volver por tanto como remueve.

TAMBIÉN

“Despedida que no cesa”, de Wolfgang Hermann (Periférica). Otro duelo, el de un padre que despierta y encuentra a su hijo muerto en su cuarto. Una paternidad amputada, una atmósfera donde el dolor por la pérdida se vuelve asfixiante, donde los detalles más ridículos cobran cuerpo sobredimensionado. Una narración en la que conviven la incredulidad, la rabia, el miedo y la culpa, la constante de la muerte sobrevolando el mundo nuevo que ha de construirse con la ausencia del hijo. Un libro que es un desgarro. Llegué a él de casualidad, era de esos que van cogiendo polvo en una mesa de la redacción de la Cadena SER con el que arramplé después de semanas parándome en los ojos del autor, que llenan la portada.

DESPEDIDA

“7 de julio”, de Chapu Apaolaza (Libros del KO). Da igual que pases, que no te gusten los toros, porque perderse este encierro emocional debería estar penado. “7 de julio” es un libro autobiográfico y de memoria colectiva, con un ritmo frenético que te adentra en el miedo, la muerte y la suerte. Absolutamente capaz de hacerte sentir un latigazo recorriéndote la columna, notar el aliento del toro en la nuca. A veces no se puede explicar por qué se ama, no es el caso de Chapu. Lo entiendes y lo amas.

7JULIO

“Nosotros en la noche”, de Kent Haruf (Ramdon House). Otro de esos libros a los que se llega por casualidad, que acaba enamorándote. Imagina que tienes setenta años y hace ya muchos que enviudaste. Llevas tiempo a solas y ahora, ya envejecida, descubres que estás cansada de dormir sola. No buscas sexo, aunque si surge no le vas a hacer ascos; no buscas un nuevo matrimonio, sólo te mueve sentir el calor de otro cuerpo entre tus sábanas, la respiración de alguien a tu lado, abrir los ojos y descubrir otros mirándote, aferrar una mano tibia que se te ofrece. Eso y mucho más es “Nosotros en la noche”. Una historia de ancianos inconformistas, sociedades de apariencias, hijos egoístas y nietos que dan la vida.

nosotros

“Un amor imposible”, de Christine Angot (Anagrama). El año pasado leí una novela que me conmocionó intensamente, “Una semana de vacaciones”, de una inocencia y crudeza brutales. Cuando comencé a leer éste sentía una forma de narrar que me resultaba muy familiar, por su transparencia y por ese estremecimiento que va generándote. Sí, amigos, amigas, soy muy despistada, así es que paré a mirar la lengüeta del libro y ahí estaba. Ya conocía a la autora, era la misma que me había causado tanta zozobra el verano anterior. “Un amor imposible”, autobiográfico, describe la relación de amor entre madre e hija de una forma exquisita que os emocionará, incluso cuando dejan de ser cómplices. Es el retrato de una madre más hermoso y duro que he leído nunca. (Si podéis, leed los dos).

IMPOSIBLE

“Tú no eres como otras madres”, de Angelika Schrobsdorff (Periférica y Errata naturae). A veces una se siente un poco voyeur leyendo sobre la apasionante vida de Else. Una vida intensa, llena de viajes, literatura, teatro, plena en amantes y sólo un par de amores. De libertad y de cadenas. Una obra que habla de la confianza como base sólida de una relación, confianza por encima de fidelidad, pues no hay mayor complicidad o lealtad que la de vivir alejados de la mentira.

OTRAS MADRES

“Apropiación indebida”, de Lena Andersson. Inquietante, angustioso, tierno en ocasiones y divertido a veces. Una excelente novela en la que todos podríamos vernos reflejados. Nuestras pequeñas neuras, ese estado de esclavitud y embriaguez que se apodera de todo nuestro organismo cuando nos enamoramos. Amas y detestas a la protagonista a partes iguales, si fuese tu amiga le habrías dado un sopapo para que se olvidase de él. En fin, ya sabéis de qué va, pero tenéis que leerlo. La reflexión final sobre la esperanza es cruda y magnífica.

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“Recursos inhumanos”, de Pierre Lemaitre (Negra Alfaguara). Os recomiendo esta novela, aunque podríais leer cualquiera de Lemaitre y os engancharía (“Tres días y una vida”, por ejemplo, que es adictiva, de una acción trepidante y angustiosa. Relata una atrocidad y aún así te identificas tanto con el que la comete que…). “Recursos inhumanos” es una novela ferozmente actual que bebe de la crisis económica que nos ha dejado tiesos de derechos y de solidaridades. Una novela en la que puedes encontrar lo mejor del género (empecé hace dos veranos a leer novela negra y estoy entregada), hay acción, hay violencia, y lo peor es que, aunque sabes que el protagonista no está haciendo lo correcto, quieres que todo le salga bien.

RECURSOS

“Solos”, de Paloma Bravo (Alfabia). Es una novela, pero leyéndola, puedes imaginarte perfectamente a los cuatro protagonistas sobre el escenario de un teatro. “Solos” habla de la falta de comunicación en la pareja, de las dudas de la edad adulta, la amistad, la paternidad, el sexo, las frustraciones, los desengaños, las infidelidades, los anhelos. Del amor, por supuesto. Con unos diálogos frenéticos, hirientes, inteligentes, llenos de ironía y mala leche, “Solos” desprende verdad. Os dejo por aquí el enlace que publiqué en este blog cuando terminé de leerlo: https://sarasolomando.wordpress.com/2016/03/24/la-belleza-de-lo-cotidiano/ para que le echéis un ojo. Me consta que leyendo esas frases escogidas hubo quien compró el libro.

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“Los hombres me explican cosas”, de Rebecca Solnit (Capitán Swing). Muy recomendable para hombres y mujeres, (sí, va de feminismo, no temas, que las feminazis no estamos implicadas en holocausto alguno). Útil para identificar conductas a erradicar, machismos y micromachismos (pequeños gestos que se repiten a diario, como pedir la cuenta y que se la pasen a él, o que nos acompañen al taller y el mecánico se dirija a ellos). Nueve ensayos pequeños que tocan el paternalismo cotidiano, los feminicidios, la violencia sexual y mucho más. Si has oído hablar alguna vez de “mansplaining” es gracias a Solnit. Eso que ocurre habitualmente en reuniones de amigos o de trabajo, cuando un hombre te quita la palabra y te corrige o alecciona, aunque no tenga, perdón por la expresión, ni puta idea de lo que está hablando. “Todas las mujeres saben de qué les estoy hablando. Es la arrogancia lo que lo hace difícil, en ocasiones, para cualquier mujer en cualquier campo; es la que mantiene a las mujeres alejadas de expresar lo que piensan y de ser escuchadas cuando se atreven a hacerlo; la que sumerge en el silencio a las mujeres jóvenes indicándoles, de la misma manera que lo hace el acoso callejero, que este no es su mundo. Es la que nos educa en la inseguridad y en la autolimitación de la misma manera que ejercita el infundado exceso de confianza de los hombres”.

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Como podéis ver, hay muchas autoras. Existen. No temáis, acercaos a la literatura de su mano sin prejuicios. Tienen la mirada de la otra mitad de la población, es distinta a veces, en muchas ocasiones, y necesaria siempre.

Recomendaría más (“Instrumental”, de James Rhodes; “11M, el honor de servir” de Alfonso del Álamo; “París-Austerlitz” de Rafael Chirves; “Chicos y chicas” de Soledad Puértolas; “El periodista deportivo” de Richard Ford; “Basada en hechos reales” de Delphine de Vigan) y lo iré haciendo aquí. Es mi propósito para 2018. Pero si no cumplo, o voy más lenta que vuestra voracidad lectora, echad un ojo a las redes de Lara Hermoso (aquí su cuenta de Twitter y su blog) y a la web de Paloma Bravo, son mis “gurusas” en esto de encontrar lecturas.

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La belleza de lo cotidiano

“Si yo me separase lo que me daría una pereza tremenda no es el sexo, sino volver a contarme”.

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“Párate vida; párate justo aquí, con mis hijos pequeños, mi amor entero, mis padres vivos. Párate ahora que tengo trabajo y que me río. Párate que aún deseo y me desean.”

“Las mujeres somos un enemigo fácil porque detectamos el ansia de herir y, mira tú por dónde, olerla basta para hacernos daño.”

“Hay parejas que son mejores cuando tienen delante un espectador entregado”.

“Pensaba que el sexo era antidepresivo, que segregabas no sé qué hormonas. Y mira: follo y lloro; no follo y también lloro.”

“Sólo en la separación puedes ver tu amor completo”.

“Los hombres casi nunca están solos, sino en distintos grados de separación. Estén como estén con sus parejas, no se separan hasta que ellas les dejan o ellos encuentran a otra persona que les arrastra a una nueva relación.”

“La impotencia es el mayor inhibidor del amor.”

“El silencio siempre nos hace parecer inteligentes y las pantallas, en cambio, denotan un punto de enganche adolescente. Una mujer conectada no es siempre una mujer informada. Una mujer conectada es una tía dependiente (de las noticias, de los mensajes, de los demás o incluso de la nada). Una mujer conectada puede ser cualquier cosa.”

“Hay algo definitivamente roto entre ellos, eso no se puede negar. Como si se miraran desde orillas opuestas, con amor y nostalgia. Con ganas de estar juntos y la certeza de que no podrán volver a estarlo. O no de la misma manera.”

“Hay que ser valiente para pinchar tus propias convicciones y dejarte desinflar.”

“A las tías nos gusta que nos quieran al oído.”

“Se sonríen y alivian el silencio. Tienen eso a su favor: restos de complicidad y buen rollo entre los escombros.”

“No te sientes deseada por una polla flácida. Y tampoco es nada divertido el sexo cuando uno de los dos se siente humillado y te culpa en lugar de ir al médico. Y encima te deja con las ganas porque su autocompasión es más importante y urgente que tu deseo.”

“Necesitan que las mujeres les arrastremos a sitios a los que algunas de nosotras no queremos ir y a los que ellos sólo quieren ir arrastrados. Porque querer quieren, pero no quieren querer, quieren que nosotras queramos por ellos.”

“Lo de su ex era, objetivamente y sin matices, mucho más grave, un millón de veces peor, porque es alguien a quien Javi una vez amó y persiguió, alguien con quien convivió.”

“¿Nunca ha escrito usted un mensaje que luego no mandó para abrir una puerta que se cerró sola y sin portazos?”

“Todos hemos estado ahí, intentando volver a la bifurcación adecuada para enderezar nuestras vidas. Todos.”

“Si estoy solo quiero estar solo. Si estoy con una mujer que me gusta, quiero sumergirme en ella. Lo que no quiero es mezclar mi soledad con sus mensajes. Me niegoa invertir mi atención con una tía a la que le parece siempre más urgente la última gilipollez que le ha escupido su móvil.”

“Y vuelven al silencio. Es más cómodo, y sobre todo, más seguro. En silencio no se hacen daño. O no tanto.”

Un señor normal

Mirar es menos peligroso que hacer. Sin embargo uno no puede pretender estar toda la vida oliendo culos sin comerse nunca un pedo.”

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“La gente se empeña en creer que se es de ciencias o letras, pero lo cireto es que la mayoría no somos nada.”

“Twitter se divide, como siempre, en los dos hemisferios semánticamente testiculares en los que tienda a aglutinarse la opinión pública: los acojonados y los descojonados.”

“Un asesinato sólo te jode la vida si te toca ser el muerto.”

“La culpa no es, como se suele decir, una consecuencia de nuestra raíz cristiana o judía. La culpa es anterior. La culpa es la respuesta fácil de nuestro cerebro, que prefiere sumirse, pagar, aceptar el castigo, detenerse y anularse a enfrentarse a los hechos; que prefiere castigarse a perdonarse.”

Ser feliz es un buen objetivo, pero no es algo que se pueda hacer un martes por la mañana.”

“Le ha saltado el inhibidor de tonterías, que es una cosa que tienen las personas de derechas y que les permite no escuchar chorradas, porque de las chorradas no se saca dinero.”

“Si las frases hechas sirviesen para algo se llamarían frases útiles. No serían tan redondas, pero ganarían pragmatismo: Si no puedes con tu enemigo, que no te encuentre.”

“La democracia consiste en tener derecho al voto pero no la obligación de razonarlo.”

“Los enemigos son peligrosos, pero de la familia no se puede huir. Y no sé cuál de las dos cosas me parece más jodida.”

“Allí estaban los dos ciclistas. Uno de ellos con una caja de pañuelos en el regazo y los ojos hinchados y rojos como si hubiera encontrado dos nuevas vías craneales para el sexo con penetración.”

“La mujer, que alcanza la plenitud sexual a los 30 años, cuando la costumbre ya ha vencido al apetito de su marido.”

“Un hombre chapoteando en mierda es un hombre sucio, pero también, y esto es lo que le hace peligroso, es un hombre que salpica.”

“Vivir. Y eso consiste en follar si quieres follar, en querer a tu mujer si la quieres y en fingir que mandas y que eres libre hasta creértelo.”

“Cuando las multitudes se unen por miedo, al ser humano le lleva diez segundos regresar a la Edad Media.”

“He comprobado que un nazi aturdido es un caramelo para la televisión, pero que un gitano resuelto es una bolsa entera.”

“Que una cosa es a qué te dedicas y otra lo que eres.”

“Un hijo no debe fiarse nunca de la palabra de su padre cuando su padre cree que puede protegerlo.”

“No es que sean antipáticos, es que se guardan la simpatía para sí mismos.”

“Utilizaría la violencia, pero de la única manera en la que le sirve a la inteligencia: como argumento.”

De amor y rutinas 

“Ese es el secreto, reducir al máximo la exigencia de felicidad”

“Como si ya no cupiera esperar nada de mí, ni siquiera la conciencia de mis propias renuncias.”

“Me parece lamentable que los muertos no tengan ningún poder.”

“Me parece bastante miserable ese modo silencioso con el que los hombres nos expulsan al curso del tiempo.”

“Los hombres son absolutamente inmovilistas. El movimiento lo creamos nosotras. Nos ahogamos avivando el amor.”

“Dos seres viven juntos y aún así su imaginación los aleja de modo cada vez más definitivo. Las mujeres construyen palacios encantados en su interior. Uno permanece momificado allí sin enterarse.”

“Me gustaría toparme, entre los cientos de cuerpos que deseo, con el que poseyera el don de lastimarme.”

“Lo que deseo de verdad no puede formularse. Ser golpeado en la cara, ofrece la cara a los golpes, ofrendas mis labios, mis dientes, mis ojos, y de repente ser acariciado, cuando menos me lo espere, y de nuevo golpeado a buen ritmo, en la cadencia justa, y cuando me corra, que me abracen, que me lleven en brazos, que me cubran de besos.”

“Te amo con la cabeza, con el corazón y con el rabo.”

“Un hombre es un hombre. No hay hombres casados, ni hombres prohibidos.”

“Uno de los efectos del deterioro sentimental es que nada fluye. Todo se transforma en un signo, todo hay que descifrarlo.”

“Invadido por la melancolía de los amantes cuando ya no sucede nada al margen de la cama.”

“Si los hombres querían reconocernos una única cualidad, era esa. Los redimimos. Los enaltecemos en cuando podemos.”

“Y de qué me sirve verlo ahora como un pobre mequetrefe? Ese pobre mequetrefe me degrada y no me hace ningún bien.”

“Hay momentos que tras la cortesana asoma la buena mujer.”

“Aguantarse el llanto es inútil. La pena permanece alojada en algún sitio.”

La fidelidad hipotecada

“Las parejas marcadas por los años tienen muchas y óptimas razones para no hablarse. Es verdad. Pero también es verdad que tienen otras muchas razones para evitar el silencio. Se hablan, entonces, como en una película de acción se habla al herido gravemente: para mantenerlo despierto y evitar que se abandone a la languidez del sueño, y luego, desde allí, caiga en el sopor último de la muerte”.

padre

“En cuanto marido y mujer, ya no nos quedaba más que decidir si vivir o morir por algo en lo que, de todas formas, ya no creíamos”.

“Nuestro error había sido querer ser felices. Las generaciones que nos habían precedido nunca habían sometido a esa clase de hipoteca”.

“Me convertí al amor porque me aburría. Uno no está obligado a pasar por el tedio de sí mismo, si se quieren alcanzar determinados resultados”

“Cómo ir a la conquista del mundo solo para poder prenderle fuego”.

“Me comportaba como un verdadero toxicómano de mi tormento”.

“En cuanto una respuesta gélida suya me desmontaba, perdía toda clase de reserva, incluso de vergüenza y empezaba a lloriquear. Me consumía, me obsesionaba con ella, luego me arrepentía, añadiendo más obsesión a la obsesión. Concebía planes audacísimo”.

“El amor no se basta a sí mismo”.

“Tal vez vivir junto a otro ser humano significa precisamente eso: hacerse uno responsable de las propias elipsis, de las elecciones respecto a las cosas por las que uno considera posible pasar en silencio, esas omisiones necesarias para el relato de una vida en común”.

En el deseo del hombre hacia la mujer hay implícita una brutal agresión que une a los cuerpos en su destrucción”.

“Dejamos de ser una pareja un instante después de habernos convertido en una familia”.

“No creáis a quien os dice que las camas de matrimonio son camas de pasiones apagadas. Por el contrario, las existencias conyugales están repletas de tormento cuyo teatro es precisamente el tálamo nupcial.”

“Entre un atentado en el metro, una vaca loca y una invasión, durante años hemos anunciado cada día el fin del mundo. (…) Al apocalipsis lo sustituía el declive, a la catástrofe, la decadencia. El espectro del final ya no se anunciaba como derrumbe, sino como agotamiento”.

“Somos una generación despojada. No desilusionada, ni tampoco desencantada, porque nunca tuvimos tiempo de hacernos auténticas ilusiones”.

“Crecimos con la promesa de una expansión infinita; en cambio, vivimos en un universo en contracción.

“El golpe de estado de la infancia se debe no a una falta de cuidados de los padres hacia sus hijos, sino a un exceso de ellos”.

“Recuerdo bien cuándo empezamos a querernos. Respecto a eso no hay engaño que se sostenga. Recuerdo la euforia de los inicios, que ya entonces era una idea. Recuerdo que calentábamos nuestro corazón pensando que, algún día, el hombre y la mujer maduros volverían atrás la mirada y nos la dirigirían a nosotros dos, como a sus propios antepasados remotos.”

“No me resigno a creer que vivir signifique tomar el camino más corto hacia la extinción”.

“El resto es ruido. Vanidad de vanidades. El resto no nos atañe”